Capitulo 14
Capitulo 14
Agora es deber como los españoles gudaron en su primer ingresso o primer pieque pusieron en aquellas indias y en cada parte dellas la dicha orden del derecho natural y divino en sus partes y asi parecera la Justicia conque entraron.
Quanto pues a la primera parte que era entrar por paz: su ingresso y entrada fue no como de hombres crueles y sin misericordia que ouiessen grandes injurias y daños de otros rescubido y quisieran vengar se haziendo matanzas y estragos de industria senalados solamente. sino como de imanes bestias y razonables: como de tygres en niños para tragallos: como de hambrientos raujosos lobos en corderos mansissimos innocentes: entrando encada pueblo matando y despedacando hombres y mugeres niños y viejos señores y subdi¬ tos sin diferencia alguna de edad ni sexo ni dignidad muchas vezes dando enellos seguros en sus casas y camas al quarto de la luna poniendo huego alas casas que mandose los que no solian tan prosto: y los que salían huyendo del fuego, hallavan luego allí las espadas que los desvarrigaban y hazían pedagos; muchas vezes, saliendo con alegría y presentes de comida y de oro y de alhajas ricas, de algodón, y otras cosas a rescebir, los españoles davan en ellos, levantándoles que venían de mala arte y que era fingido aquel rescibimiento, para colorar que los que tomavan, a vida eran en buena guerra hechos esclavos. Otras vezes aún, auviéndolos asegurado quese viniesen de los montes donde de miedo se avia huy¬ do que no les havian mal ni daño: los quaes confiando de su pala¬ bra viniendo ase poner en sus impías manos los matavan y ha¬ zían esclavos. Y esta fue maldad de los nuestros, que nunca guardaron aquellas gentes fe ni verdad ni palabra, que de segu¬ ridad les hoviessen dado. Tyrano ovo que tenía por sobre nombre Guerra, que como viniesen ciertos pueblos a se le dar y servirle con presentes de paz, les respondió que él no quería paz porque se llamava Guerra, y por tanto no quería recebillos de paz, sino que por guerra los havía de tomar, y así hizo inumerables esclavos. Una de las cosas que nosotros tyranos havemos tenido después de la de henchirnos de oro, era hazer aquellas innocentes gentes escla¬ vos, por tenerlos y usar dellos a toda nuestra voluntad.
Provavan las espadas en ellos, apostando que henchería por miedo al indio y le cortaría un piquete el pescuego echávanlos a perros bravos para aquel officio amaestraeste dos, que en un credo los despedagavan. Henchían los bohíos o casas de paja que comúnmente tenían indios de gente, hombres y mugeres preñadas y paridas, niños y viejos. y pegávanles fuego donde todos se quemavan. Poníanlos en ciertos cada lechos hechos sobre horquetas baxas, y sobre ellas varas atadas a manera de parrillas, y sobre ellas atados dos y tres y quatro, y debaxo encendido huego bravo, y allí los assavan. Y esto, yo lo vide por mis mis¬ mos ojos mortales. Ovo tyrano que porque le diesen oro, prende al Rey y Señor de la tierra. e uno de los mayores si eran más de uno los que la señoreavan: hízolo assar de la manera dicha: y él andavase, passeando, rezando el rosario, y de rato en rato de¬ zía "«añadiesse fuego y bolvelde de ese otro lado»." Ahorcavan muchas mugeres, y los niños que criavan, de los pies de ellas se los ahorcavan. Otras en palaban desde abaxo hasta arriba abríanles los hijares y metíanles las criaturas por las cabecitas, donde luego con la sangre de las madres se ahogavan.
Tuvieron siempre nuestros christianos, (si lo fueron con todo) un propósito muy ordinario, y en cada parte que entravan, que Sathanás les revistió en sus ánimas de hazer señalado y cruel estra¬ go y matanqa por engendrar y arraygar su temor en las ánimas de aquellas ovejas y corderos mansos, para que por toda la: tierra su horrible nombre retumbase; y así en oyendo christi¬ anos, les temblavan, no como quiera sino sobre todo lo que se puede encarecer, las carnes.
Es verdad delante del Justo Juez que nos ha de juzgar, que si hoviese de referir todas las especies de tor¬ mentos y el námero dellos que nuestra gente han hecho y oy hazen a aquellas naciones (que nunca nos hizieron mal, sino muchos bienes señalados), en las guerras y en lo demás de la vida, de los que dellas con vida se escaparon, no bastase gran cantidad de papel y no menos mucha parte de la vida para relatallo, y afirmo que ni digo, ni encarezco una de mill partes. Esta es, pues, la paz que los españoles introduxeron en aquel Nuevo Mundo, y así guardaron la orden divina y natural. Colija, pues, el lector de aquí, si ser y haver sido tyránico el primer ingresso o entrada de los españoles en aquellas Indias, y en cada una de sus partes, queda bien probado.
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